ARCHIVO DESCLASIFICADO
Capítulos 73-80 + Epílogo · Stilbaai, Sudáfrica
Todo termina donde empezó. No en Granada, no en Praga, no en Roma. En una cueva a 25 kilómetros de un pueblo pesquero sudafricano donde vive una mujer que lleva veinte años escondida bajo un nombre falso. La madre de Alex. La mujer que fingió su muerte para proteger a un niño que no sabía lo que llevaba dentro.
Stilbaai — Still Bay, «bahía tranquila» — es el último destino. Aquí, en una antigua fábrica de conservas reconvertida en refugio, la red Kintsugi opera con receptores de radio de los años 40 y antenas de última generación. Aquí, Obsidiana — 93 años, ciega — le dice a Alex lo que nadie se había atrevido a decirle: que no está enfermo, que no es un fenómeno. Que es un atavismo — un retorno a lo que la humanidad era antes de la fragmentación. Y que su cuerpo no solo recibe la frecuencia: la absorbe y la contiene. Como un dique.
Y aquí, en la cueva de Blombos, tocando grabados de ocre de 75.000 años, Alex descubre que el zumbido que lleva persiguiéndole desde el primer capítulo no es ruido. Es la sinfonía completa de la humanidad conectada. Y que algo, desde fuera, está escuchando. Aquí también descubre quién estaba detrás de Cicada 3301 — y que los puzzles que resolvió en una cafetería del Albaicín no eran un juego. Eran reclutamiento.
Los nueve archivos que siguen son reales. Todos pueden verificarse. Lo que la novela hace con ellos es ficción. Pero la frontera entre ambos es más delgada de lo que parece.
EXPEDIENTE DE CIERRE — MOVIMIENTO VII
Este es el movimiento donde todo converge. Siete movimientos de investigación, persecución y revelación desembocan en una cueva sudafricana donde un joven de 27 años toca una piedra de 75.000 años y siente lo que la humanidad era antes de que alguien decidiera silenciarla.
La respuesta a todas las preguntas — quién es Lucía, qué es el zumbido, por qué existen los Arquitectos — resulta ser más simple y más terrible de lo que Alex imaginaba. La humanidad conectada funciona como un faro cósmico. La Vox Dei no solo habla: llama. Y algo responde. Los Arquitectos no son villanos. Son guardianes de una jaula necesaria, construida hace 75 milenios por los supervivientes de algo que casi nos extinguió.
«No había buenos ni malos. Solo había una elección imposible, tomada hace setenta y cinco milenios. Y ahora Alex tenía que decidir si estaba de acuerdo con ella.»
— Capítulo 80
Y aquí también se cierra el círculo de Cicada 3301. Los puzzles que Alex resolvió en Granada no eran un juego de hackers. Eran el sistema de reclutamiento de la Red Kintsugi — diseñado para encontrar personas con sensibilidad acústica especial. Los filtros de criptografía eran la fachada. Lo que importaba estaba en los archivos de audio. Solo quienes podían oír lo que otros no podían llegaban al final.
Pero la novela no resuelve el dilema. No pretende resolverlo. Pretende plantearlo con la suficiente fuerza para que el lector lo lleve consigo después de cerrar el libro. ¿Es mejor estar seguros y solos, o conectados y en peligro?
El Epílogo abre dos puertas: bajo la Gran Pirámide de Giza, una cámara oculta con grabados de 75.000 años y un objeto que no debería existir. En Ginebra, Santini informa a una figura superior de que la frecuencia de fragmentación no funciona contra Alex. Las preguntas respondidas generan preguntas mayores: qué hay entre las estrellas, qué encontraron bajo Giza, quién es la mujer de Ginebra.
«El zumbido alcanzó un pico y se detuvo. El silencio que quedó no era vacío. Era expectante.»
FIN DEL MOVIMIENTO VII — FIN DE RUIDO DE FONDO: VOX DEI (LIBRO I)